Sergio es nutricionista, trabaja en Madrid y tiene 35 años. Su empleo consiste en revisar documentación, contestar correos electrónicos y atender llamadas telefónicas, en las que da pautas de alimentación y vida saludable a clientes. “La mayor parte del tiempo estoy sentado delante del ordenador, como podría estar en mi casa”. Él querría teletrabajar, “al menos de vez en cuando”, pero sus empleadores no se lo permiten. “Me dicen que no, que imposible, que es política de empresa. Es una empresa antigua y casposa. No lo entiendo, podríamos hacerlo todo desde casa. Con teletrabajo mejoraría mi calidad de vida”, lamenta este empleado, que pide ocultar su apellido para evitar problemas en la empresa.

Este fin de semana se cumplen seis años del inicio del confinamiento por el coronavirus, con el subidón del teletrabajo que llevó aparejado. La empresa de Sergio es una de las que le ha dado la espalda: él está entre el 16,1% de ocupados que aseguran que sus tareas se pueden desarrollar en remoto, pero que nunca trabajan desde casa. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2025, hay en torno a 3,4 millones de empleados en España en esa situación. Es un grupo que encoge poco a poco (en 2024 eran el 18,4% y en 2023 el 18,8%), pero aún muy relevante en las estadísticas laborales.

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